viernes, 3 de marzo de 2017

tres de dieciocho


Hoy he dejado de ir a bailar para coser un vestido viejo. Lo compré una época en la que caminaba sola por Buenos Aires. Coser no me relaja  pero me conecta contigo. Entras en mí. Mis manos son las tuyas.  El tracatraca de la máquina me transporta a las madrugadas que te quedabas cosiendo para acabarme un vestido. Ahora soy consciente de la paciencia que tenías. La costura no es inmediata. 
Llevo media vida de mi vida sin ti y te sigo echando de menos. Eso de que el tiempo todo lo cura no es verdad aprendes a vivir sin tu madre pero es una putada. No quiero olvidarte. Tu imagen está más borrosa. Lo que no se borra es la calidad del tiempo que pasamos juntas y el cordón umbilical que me conecta contigo. Como esta tarde,  en la que te he sentido cerca  mientras  arreglaba un vestido viejo  que compré en Buenos Aires  para bailar. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario