domingo, 17 de julio de 2016

ilse

Llamé con los nudillos. Una voz seca y femenina contestó desde el otro lado de la puerta. Adelante.

Sus mails resultaban tan masculinos que nunca hubiera imaginado que fuera una mujer. Abrí despacio y allí la encontré. Rondaba los cincuenta.  Vestía con una camisa de rayas y manga farol que parecía de otra época. Su maquillaje exagerado resaltaba sus facciones duras sus pómulos marcados su mandíbula robusta.

Estaba detrás de una mesa de nogal que ocupaba casi todo el despacho. Hacía cuentas con una  calculadora antigua . Olía a rancio. No levantó la mirada. Durante un rato ignoró mi presencia.

Su color de pelo recordaba a la paja. Media melena peinada con muy poca gracia caía sobre su cara. Su piel era blanca con rosetones en los carrillos que recordaban a la rosácea.  Sus párpados parecían hinchados.

Te estaba esperando. Por fin levantó la vista por encima de sus gafas. Unas monturas de color rojo resaltaban sus ojos azules. Tenía una mirada tan  fría  que hizo que sintiera una escalofrío por la espalda. Esos ojos no tenían corazón.Siéntate. Me imperó dejando esbozar una cínica sonrisa.

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