sábado, 8 de agosto de 2015

Postcard from Paris


















Nada más llegar, saliendo de la estación del tren, la primera impresión que tengo es de un Paris hostil y rápido. La velocidad de la gente caminando por el metro llega a ser de relámpago, los turistas despistados somos un estorbo para el ritmo diario de la ciudad. Suerte que no soy de primeras impresiones ... porque, dejando un día por medio de mi llegada a Barcelona para escribir este post, todas las imágenes que quedan para mi recuerdo son dignas de guardar como un tesoro. 
Hemos caminado cada día por las orillas de Sena. Me ha encantado la vida que se respira en el canal: la petanca, parejas de bailarines, la playa artificial, los picnics ... una vida social increíble, en la que los parisinos y turistas disfrutan del buen tiempo inundando las calles. El canal, se convierte en un lugar imprescindible para visitar y empaparte del ambiente de la gran ciudad. 
Visitar la ciudad, mejor en barco. El batobus es una forma fantástica para desplazarse de un lugar a otro ... te evitas las aglomeraciones y el calor del metro, en un barquito bien acondicionado disfrutas de las vistas y llegas a los principales puntos de interés. 
Si eres un amante de la botánica, no te pierdas el Jardín de las plantas, cuatro invernaderos te transportan a otro mundo a través de su vegetación y a la salida, pasear por sus jardines es un regalo para los sentidos. Los jardines de Luxemburgo, también te darán una gran alegría, la majestuosidad de sus paseos te llevará a pensar que estás en otra época. Como dato curioso, la gran cantidad de sillas que hay por todos los parques, sillas que tu puedes colocar en el sitio que más se te antoje. Todo delicadamente cuidado, muy limpio ... al detalle. 
Desilusionados nos quedamos con la colina de Montmatre, demasiado turisteo nos hizo pensar en la colina temática. Buscando ambiente bohemio nos encontramos con una multitud de turistas y pocos artistas, aunque lo salvamos dirigiéndonos hacia el Moulin Rouge. 
Anonadados nos quedamos en nuestra visita a Notre-Dame, tanto pos su belleza como por la misa que estaban dando, en la que, la puesta en escena del acto y los cantos de una muchacha con aspecto delicado y voz angelical, nos hizo creer que estábamos en el cielo. 
Hemos caminado mucho, ese era el objetivo, caminar por sus calles, disfrutar de la ciudad sin grandes pretensiones, simplemente dejándonos llevar por su día a día. Y lo hemos conseguido ... unos días hermosos reencontrándonos con la ciudad que, ambos habíamos visitado antes, pero esta vez estando juntos, a modo de celebración. La ciudad que , de primeras pensé que nos recibía de forma hostil, pasó a recogernos de una forma amable y generosa. Estar debajo de la Torre Eiffel de la mano de Andreu, era una cosa que llevaba mucho tiempo deseando y este año, por fin lo hemos conseguido. Otro viaje para el recuerdo en la mochila ... y que sean muchos más. 

Aquí todas las fotografías que han ido saliendo de mi cámara, un resumen de nuestros paseos y hallazgos. No hay nada más bonito que viajar para descubrir. 


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