jueves, 2 de abril de 2015

Diaro de una mudanza. Cocina







Hemos empezado por la cocina. Apenas nos ha llevado media hora el saber que es lo que se va a quedar y que es lo que se viene con nosotros. Seguramente hemos empezado por aquí, porque la carga emocional de cada una de las cazuelas, no es nada comparado con las cajas que tenemos debajo del mueble del escritorio, que esconden recuerdos, podríamos decir, de vidas pasadas. 
Mi lentitud a la hora de decidir, contrasta con la velocidad que tiene Andreu en deshacerse de las cosas. Es increíble la cantidad de infusiones que he sacado de la alacena acumuladas a lo largo de más de 10 años. Hoy me he desecho de unas cajitas metálicas de té con sabor a mandarina que compré en el aeropuerto de Londres. Pero lo que más pena me ha dado, ha sido dejar atrás una taza termo del starbuks que compramos en nuestro viaje de novios a EEUU. Ahora, no suelo tomar infusiones, seguramente son más sanas que el café descafeinado que tomo cada día ... pero el tiempo de las infusiones, para mí, por ahora , ya pasó. Un poleo menta después de una comida pesada, es a lo sumo, la única infusión que bebo. 
Cuándo era pequeña, las noches que mi madre hacía hamburguesas en casa, eran cenas de fiesta. Hamburguesas con su pan, su tomate, su lechuga y nunca cebolla para la niña. En cambio , en casa de Andreu, las hamburguesas se limitaban a ser sólo el medallón de la carne, y su fiesta comenzaba cuándo comía la pizza congelada que tanto le gustaba. Cuándo mi madre hacía croquetas, nos regañaba porque empezábamos a picar la masa de la sartén entre los tres hermanos ... y finalmente, apenas quedaba pasta para hacer tan delicioso manjar. 
Coincidimos que, tanto mi chico como yo, de niños, pasábamos los viernes con los abuelos viendo el un, dos, tres ... sólo que a él, le costaba llegar despierto al final de la tanda de preguntas y respuestas y yo, aguantaba como una jabata hasta el final de la subasta. En esencia, somos los mismos. Mientras que él duerme hace horas, yo escribo estas líneas con los ojos como platos...
Todos estos recuerdos han ido surgiendo a partir de unas cazuelas ... no te quiero ni contar, lo que pasará cuándo lleguemos a las cajas de debajo del escritorio. 
Empieza la despedida ... 
y empieza con esta banda sonora

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