lunes, 9 de marzo de 2015

Malvaloca for ever

Hace unos años ... llegaron a la escuela un grupo de muchachas que desprendían alegría, compromiso y amor por la danza. Motivadas por el flamenco crearon un vínculo muy especial y se hicieron llamar Malvalocas. Cada clase era un soplo de aire fresco donde dejaban su realidad a un lado y se abandonaban a las indicaciones de una profesora, que les intentaba transmitir todo lo aprendido de la danza y de forma indirecta de la vida. La base de su relación era la confianza por ambas partes ... la lealtad incondicional y la admiración mutua.  Cada una de ellas con identidades muy distintas, con intereses comunes y diferentes ... la base de su relación la aceptación de cada una de ellas y el: todas para una y una para todas. 
En ese ambiente crecieron las Malvalocas entre coreografías, moños, sevillanas, sonrisas, convivencia, confidencias, abrazos y pocos desencuentros, por no decir casi inexistentes. 
Con el paso del tiempo, esas muchachas se convirtieron en mujeres poderosas. Mujeres comprometidas con la vida, idealistas y con ganas de cambiar el mundo.
Con el tiempo, la escuela dejó de ser su punto de encuentro. Los caminos de sus vidas se separaron durante el día a día y los encuentros pasaron de ser cotidianos a excepcionales. 
Hay épocas, de la vida de una, que quedan caladas en la piel de forma dulce. Hay épocas en las el recuerdo de las mismas te esbozan una sonrisa en forma de nostalgia. El recuerdo de una época en el que cada clase, cada ensayo, cada encuentro era una demostración de amor. No puedo evitar echar de menos esa época junto con la aceptación del paso del tiempo. No puedo evitar echar de menos nuestra cañas de los viernes, nuestros ensayos hasta última hora, nuestras miradas de complicidad, nuestros mensajes furtivos y nuestras conversaciones interminables. Hemos crecido juntas ... y ahora, no puedo dejar de sentirme orgullosa de las mujeres en las que se han convertido
Hace pocos días, un encuentro extraordinario se produjo. Esa época apareció delante de mis narices, como si no hubiera pasado el tiempo. De nuevo, la sensación de "Una para todas y todas para una" reinó durante el tiempo compartido. Y eso, fue, todo un regalo. La magia de las Malvalocas sigue en todo su apogeo y es un alivio el saber, que : es así. 




PD: Por muchas más celebraciones juntas y un montón de pajaritos

1 comentario:

  1. Quina emoció. Us estimo boniques i precioses, malvas y locas.

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