lunes, 6 de octubre de 2014

Andanza




Llegar con la cabeza como un bombo y tener la certeza de que se me va a pasar bailando. Un café con leche y un mini de jamón antes del ensayo. Una nueva lista de reproducción que promete un gran viaje. Una línea en movimiento a la que me uno. Hoy tira él ... el hace y yo repito. No hay palabras. Una hora de entreno que pasa en un suspiro. Retomamos temas. Avanzamos un poquito. Sus ojos cerrados para encontrar el cuerpo, me recuerda a un abuelo que no conozco. Funciona, poco a poco su baile respira una esencia flamenca que no sabemos de donde sale, pero está ahí. Yo miro y callo, sólo observo, cuido y acompaño. Cambio de rol. 
Ahora, soy yo la que,  bajo el hechizo de Leonard Cohen y sin zapatos, bailo. Bajo sus indicaciones desde fuera, salgo de mi manera. Ahora mi cabeza está llena de imágenes que me hacen despegar. Termino bailando el silencio y me gusta, la respiración inunda la sala. 
Una conclusión :
Yo me tengo que alejar del flamenco para que él se acerque a él. Hay que mantener ese equilibrio ... 

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