miércoles, 26 de junio de 2013

Times are changing







Historia de una que pasó a ser dos. Historia de dos que pasaron a ser tres. 

Empiezo a entender que no es que esté engordando, que por cierto apenas he engordado en estos meses ... sino que ya no soy una ; que somos dos. Esto parecerá una tontería, pero para una histérica de la dieta, reconforta. He recolocado mi barriga y cada día me siento más hermosa. Todavía tengo que acostumbrarme a que que me vean por la calle, me llamen gordi, gordita, gorda y lo sienta como un piropo. También estoy aprendiendo a hacer oídos sordos cuando por ejemplo, entro en la pescadería y una mamá pintona con dos niñas monísimas me pregunta de cuánto estoy y al contestarle de cuatro meses me mire con cara de besugo y me anime diciendo: Madre mía ... no te queda ná! 
En la vida me hubiera imaginado que tendría que acostumbrarme a dormir de lado. Pues sí, ya no puedo dormir como a mi me gusta ... tengo que buscar la posición fetal y parece una tontería pero acostumbrarse ha tenido lo suyo. No lo hubiera logrado tan rápido si a Valeria, una de mis alumnas, no se le hubiera ocurrido la brillante idea de dejarme un cojín/churro que a empezado a formar parte de nuestra vida y que ha sido la salvación de mis desvelos. Ahora duermo agarrada a un churro y es lo más de glamuroso. Gracias Valeria!
Nunca había tardado tanto tiempo en hacer el cambio de armario. El motivo es que de una semana a otra lo que te valía ya no te vale, por lo que el cambio se realiza poco a poco para ir descartando la ropa que seguro ya no me podré poner. Un montón de vestidos de verano guardados en cajas de cara al año que viene y un hueco bien grande en el armario es el resultado. 
Voy acumulando las cositas que me van regalando. La casa poco a poco se va convirtiendo en otra casa. La sensación de que seremos tres hace que los dos vayamos poco a poco pensando en como hacer para crear un nuevo hogar dentro del mismo espacio. Eso hace que revise todo lo que tengo almacenado y me despida de cosas que ya no utilizaré o al menos eso creo. La sensación de esperar su llegada es emocionante.
Leer a cualquier hora. Cualquier momento es bueno para volver a la cama y abrir un libro. Más de un día mi cabeza ha querido levantarse y mi cuerpo no me ha dejado hacerlo. Es curioso como yo, siendo una metralleta, no tengo más remedio que bajar marchas y dejarme guiar por la intuición de lo que si y lo que no es necesario. 
Algún helado a deshoras comido con mucho gusto y paseos largos para respirar. Andreu y yo como compañeros de aventura el uno al lado del otro siempre.
Todas estas cosas han ido pasando en este último mes mientras que el día a día ha seguido su curso, todas estas cosas y ...  algo más : es una niña y ya noto como baila. 

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