martes, 29 de enero de 2013

Pendiente de un hilo






Hace unos días, en un "entreno"de Andrés,  hicimos un ejercicio al que le he dado más de una vuelta y del que me he enamorado. No solo por el ejercicio en sí, que también, ya que desarrolla el sentido de la percepción, la escucha, la confianza, la alerta ... pero dejando a un lado el sentido dancistico ... el ejercicio te entrena para la vida y es una clara metáfora de lo que significa mantener una relación , bien sea de pareja o de amistad, con tus padres, con tus hermanos, con el jefe ... 
El ejercicio se trataba de lo siguiente: primero nos teníamos que poner en parejas ( elegir al compañero), Andrés por cada dos nos dió un hilo de bordar. Cada uno de la pareja tenía que coger un extremo del hilo y mantenerlo en tensión, en la tensión justa. Hasta ahí todo fácil, pero eso no era todo ... uno de la pareja tenía que cerrar los ojos y el otro tenía que guiar al compañero por toda la sala. La única conexión que tenía la pareja era un insignificante hilo de bordar y solamente por ahí tenían que comunicarse, sin palabras, sin gestos ... solamente por la tensión que se creaba a través del hilo. 
Tensión del hilo la justa, ni más, ni menos. Al principio de la relación, después de haber elegido a tu compañero/a tenías que ir entendiéndote, era necesario que hubiera un tiempo en el que la persona que tenía los ojos cerrados se diera cuenta de lo que estaba pasando. La manera de que el hilo no perdiera su tensión era estar siempre el uno con el otro y eso, era lo difícil. Es decir, a veces las velocidades de cada uno de nosotros hacía que el hilo estuviera más tenso de lo normal, de tal forma que podías sentirte apretado, angustiado ... pero también, a veces, la tensión se aflojaba y ahí se perdía toda la conexión con el compañero, lo que hacía que desde dentro, con los ojos cerrados, tuvieras la sensación de miedo, de vértigo, de vulnerabilidad, de estar perdido ... de sentirte abandonado. Parece exagerado lo que cuento, pero volver al planteamiento del ejercicio: uno se encuentra con los ojos cerrados y brinda toda su confianza a alguien que le mueve por el espacio con la única conexión de un trozo de hilo. Encontrar el equilibrio, la tensión justa para mantener una relación, el tira y afloja para hacerte entender y para ser entendido, el no culpar al otro de que es "él" el que no te entiende. El poco a poco ir arriesgando más,  el no esquivar los obstáculos sino meterte de lleno en ellos y descubrir que en la dificultad se aprende. Y todo ello durante un buen rato, hasta que sientes que te entiendes y entonces tu cuerpo con el de tu compañero/a está en sintonía y empiezas a caminar por el espacio como si pudieras ver ... como si sus ojos fueran los tuyos y tu solamente dejaras que las cosas fueran pasando ... pero siempre, manteniendo la tensión justa ... sin relajarse, pero disfrutando del riesgo ... sin relajarse, pero sin temer que el hilo se afloje ... sin relajarse y manteniendo el equilibrio. 
El otro día escuché que tienes una relación con alguien cuando si estás en silencio, estás a gusto. Este fin de semana no ha habido muchos silencios ... porque, generalmente, cuándo disfrutamos de un fin de semana de Anas tenemos tanto que contar que los silencios escasean. Melina nos preguntó que es lo que habíamos hecho durante estos días, yo le contesté que todo y nada: 
Despertar sin horarios
Desayunar mantequilla y mermelada
Hacer un arroz a cuatro manos
Mirar el mar desde dos sillitas del paseo, cuál abuelitas
y por último ...  capturar un instante.

2 comentarios:

  1. Bravo.

    Me encanta el ejercicio, y me encanta lo que significa, no podía ser más verdad, ni estar mejor explicado.

    Un abrazo de quien te lee,
    S.

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  2. Un sentido que nunca había pensado para esa frase que asociaba con sensaciones angustiosas.Me gustó cómo describís el ejercico, tal vez por la manera en la que decís lo que vas sintiendo y lo que sugerís sin afrimar.Lo que leí y vi en el blog me parece muy bueno.Gracias!

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