miércoles, 19 de septiembre de 2012

Otra dimensión ...







El viernes, después de cruzar toda la península, llegamos a Castro Verde. Unos 1300 kilómetros, unas 15 horas de viaje. Durante un rato tuvimos que esperar y durante un rato paseé por el pueblo. Llegamos a una hora en la que la luz era increíble. 
Durante dos días hemos estado en el festival Sete Sóis sete Luas, con L'Avalot Teatre, os invito a que os perdáis por su web y que leáis como nació el proyecto, este año cumplía 20 años. 
Hay cosas que me han llamado mucho la atención. Castro Verde es un pueblo muy pequeño, apenas hay unas cuantas calles ... una de sus calles tenía una instalación plástica... la calle estaba llena de versos en Portugués y de siluetas paradas en el tiempo que hacían que el espacio se convirtiera en una poesía visual preciosa ... una bicicletada de bicis antiguas recorría el pueblo el sábado por la mañana mientras que nosotros montábamos Dinomaquia. Los espectáculos transcurrían uno detrás del otro con una organización impecable, con los retrasos justos y normales que generan tanto movimiento de público y de compañías. El saludo del Alcalde en persona a la compañía ... un señor campechano y agradable al que le preocupaba que destrozáramos el edificio de Correos con el incendio , y al  que la palabra de Antonio le fue suficiente para que confiara que todo saldría bien. Un sandwich de jamón con pan del bueno por solo un euro con cincuenta. Unos colaboradores muy agradecidos, con una energía muy bonita y con ganas de aprender y poner todo de su parte. 
Jaume decía que daba la sensación que había pasado casi un año desde que llegamos a Castro Verde, quizá, si que es verdad, que en ese pueblo del sur de Portugal se para el tiempo ... quizá si que es verdad que allí hay mucha calidad de vida, quizá los abuelos sentados en los bancos y con surcos en la cara no tienen la edad que aparentan ... quizá son más viejos ... o quizás ya están muertos y nos espían desde un mundo paralelo. No lo sé ... todo son elucubraciones. 
Pero hay algo que está claro ... en Castro Verde, la cultura no es un lujo y es un gusto recibirlo así. 

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Más fotos de este pueblo perdido en el tiempo aquí 

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