sábado, 11 de agosto de 2012

Pensamientos, amarillo y ciprés


Hace tiempo que volar no es uno de mis platos favoritos ... prefiero el tren o el coche ... pero esta vez ha hecho falta salir volando para llegar a nuestro destino. Primera parada Florencia. Es un delito salir de Florencia sin pasear por los Ufizzi ... pero más delito es marcharse de Florencia sin sentarte durante media hora en la Piazza della Signoria, justo enfrente del Palazzo Vecchio y escuchar tranquilamente a Piotr Tomaszewski como toca la guitarra en medio de la marea de los turistas. Sentarse, observar y con la calma pasar una mañana en Florencia. 
Todavía no es momento de hacer un diario de viaje ... estos días los pensamientos en calma pasaban por mi cabeza. 



Me he mirado y remirado en el espejo . Durante tres días hemos  recorrido la campiña en coche ... el retrovisor de mi derecha me jugaba malas pasadas. Miraba y no veía la imagen juvenil que recordaba. Me he pasado el viaje haciendo fotos a hombres y mujeres con surcos en la cara ... hombres y mujeres con el reflejo del cansancio en sus sonrisas y con miradas tranquilas, hombres y mujeres , sin nada más que hacer que compartir con sus colegas o en soledad un atardecer, un refresco ... una partida ... una conversación.
Los cipreses que remarcan los campos de la campiña ... me recordaban a los árboles que pintaba en mi niñez ... los cipreses que casi hacen  una función escultórica en el paisaje y que rompen con la monotonía del color amarillo de los campos... los cipreses que aquí tienen una connotación negativa en Italia se ven alegres, elegantes y permanecen en el tiempo manteniendo su hoja durante todo el año. Y permanecen en el tiempo, y son longevos ... y me recuerdan a mi padre. 
Y en el camino de vuelta acabo de leer el libro que me recomendó Caterina ... y me encuentro con este párrafo, que encaja perfectamente con la sensación que he experimentado estos días:

" Ha habido momentos en los que esta ciudad que desprende una energía no siempre digerible me ha hecho sentir muy perdida. Aunque los médicos le hayan puesto un nombre a este síntoma que me persigue desde los nueve años y aunque en estos momentos ande tomando unas pastillas que lo enmascaran, sé que es la consecuencia inevitable de una vitalidad que a menudo no puedo contener, de la implacable sensación de que mi vida se me queda corta. No sé la de otros, sé de la gente que incluso se queja de que los días se les hacen largos , pero la mía, mi vida, se está pasando sin sentir."
Lindo, ElviraLugares que no quiero compartir con nadie; primera edición : Noviembre 2011; Seix Barral, S. A, 2011.

Si ... esa sensación tengo. Que mi vida se pasa muy rápido ... y que me planto en los cuarenta en un "plis plas". Y no lo vivo con sensación de angustia ... si no con perplejidad. Con la sensación de que todo va demasiado rápido ... 
Le explicaba a Andreu mi sensación , estos días han sido días de conversar mirándole a los ojos, sin la sensación de que un móvil te interrumpa, un mensaje, un mail ... y él que es muy sabio, me hizo esta reflexión:

" Quizá cuando tu tengas la edad de esas mujeres a las que fotografías, verás a una mujer de tu edad fotografiándote ... y tu le harás una señal cómplice y sabrás lo que está pensando y entonces en ese momento te darás cuenta de lo joven que eras a la edad de 35 años ..." y como un caballo percherón, que se queda dormido de pie ... sin poder evitarlo ... me quedé dormida con la sensación de esa mujer vieja sorprendida por la joven. 



Más allá de los pensamientos , esta es mi mirada de la Toscana ... ;)


No hay comentarios:

Publicar un comentario