domingo, 21 de agosto de 2016

Slow life





Un dia en la masía  es despertar antes de que salga el sol y no encontrarlo. Es volver a recogerme entre las sábanas hasta el desayuno. Es caminar entre chinas que entran en las sandalias. El antiguo pajar. La sonrisa de Nuria. Una tabla de embutidos de la región. Pan ecológico, zumo verde, leche de arroz, huevos revueltos...  




Un día en la Masía es encontrarme a Inca, Luna , Nela tiradas en el césped sin inmutarse por mi paso. Son los gatitos abrazados entre los matorrales. Es la piscina en medio de la naturaleza. Es un chapuzón que libera. Un vaso de agua fresca con menta y Maria Luisa a media mañana. Son ocho hamacas. Buscar el sol, salir de la sombra. Entrar en la sombra. Mover la hamaca. Leer a Bobin. Tenerte a mi lado. Risas. 






Es recoger el Picnic. Ensalada, tortilla de patata y fruta. Comer en el bosque sobre una manta de cuadros rosas, descalzos y a la fresca. Un mensaje, Bon profit y una sonrisa. La Masía está llena de sonrisas. De sonrisas y de corazón. Los detalles les delatan. Entre dos árboles, un columpio de cuento en el que volamos. Volamos tan alto como queremos. Es cuestión de dinámica y vamos fuerte. 




Volver a la habitación más dulce y sentirme como en casa. Hacer la siesta. ¿Que hora es? . No lo sé. Despertarme por tercera vez y encontrarme un bizcocho de la abuela cubierto por el sol de media tarde. Volver al bosque y pasear entre chorros de luz que se cuelan por las ramas.  Caminar compartiendo el silencio contigo. Cortar flores secas. Hacer un ramito de calma.  



Bañarse a dos. Colonia fresca y crema en la cara. Recorrer de nuevo el camino de chinas y volver al antiguo pajar. Un menú ligero que me sabe a gloria. Gazpacho de sandía, milhojas de foie, pescado del día, crema catalana. Un CD que se para.  Hoy llueven estrellas pero  hace fresco y no las esperamos. Y volver.  Nos hacemos un ovillo entre las sábanas. Ojos cerrados. Un día más.  





sábado, 13 de agosto de 2016

Llamas a la luz ...







LlAMAS  a la luz y la luz viene como
un animal transparente. Tú
la acaricias y ella lame tus manos. Se 
incorpora a tus ojos y
en tus ojos se encienden
los números dispersos. 

Ante ti, la pureza y sus rectángulos: 
un abismo creado por preguntas blancas
en apariencia inmóviles. 

Van a surgir rostros que quizá has amado.
Sí, surgen rostros habitados y exactos
y te posee una pasión: ahora es
visible lo invisible. 

Otras veces, sucede
que la luz se desprende de tus manos y 
busca su libertad y se convierte en 
pulsaciones, en 
colores cautivos que carecen de nombre. 
Si:
proceden del abismo. Son
frutos incandescentes, entregados
a la libertad por ti.

Y pintas lo que no existió nunca: has visto la inexistencia
[y la incorporas y
la inexistencia es real y es libre   
incluso de sí misma . 

Antonio Gamoneda
( Canción Errónea)

Foto: Todas en las que bailo Andreu  Banús 

miércoles, 3 de agosto de 2016

El barrio


Los niños patean el calor descarnadamente. Se les va la vida en cada intento. La plaza se convierte en un campo de batalla. Toda la furia acumulada en el invierno sale en forma de gota y de juego. Pero no importa, esquivo sus chutes con las manos sudorosas. Cemento, gritos y sol.

La mano en la frente con surcos del pasado y un periódico para no mancharme la falda. Van llegando a cuentagotas hasta que empieza la tertulia. Los sabios arreglan el país bañados en café con hielo y atragantándose con unas pastas.

Un balonazo despierta del letargo a una muchacha que hace la siesta en un banco. La humedad carga el ambiente, el ladrillo en el  pecho hace meses que no está. Pero no importa, bajo por el camino de piedra que se enreda en mis chanclas y ya me va bien.

¿ Me das fuego? ¿ Me das un cigarrito? Los locos se deslizan por las calles y no dejan de pedir. No fumo. Sus miradas se clavan en mis manos. No doy. 

El parque de arena está hirviendo, soporta estoicamente el sol que cae a media tarde. Ningún pequeño vuela sobre sus cadenas. Todo está parado. El sabor de horchata en mis dedos, me lleva al recuerdo que pesa. La calle empinada es eterna, falta mucho para llegar.

Silencio. Las ventanas de par en par dejan salir las notas de un piano. Es Bach. Siempre a la misma hora, siempre la misma pieza . Nunca estás. 


Un día me acompañaste siguiendo el camino, pero al llegar a casa, dejaste de estar. El jazmín sin flores no tiene perfume,  de nada sirve. Se asoma yermo por los muros testigo de la pena. No lloro. Verde, río y mar.

lunes, 25 de julio de 2016

La más pequeña






La infancia  continuada mucho tiempo después de la infancia:
 eso es lo que viven los enamorados, los escritores y los funámbulos.
Autorretrato con radiador. Bobin 

domingo, 17 de julio de 2016

ilse

Llamé con los nudillos. Una voz seca y femenina contestó desde el otro lado de la puerta. Adelante.

Sus mails resultaban tan masculinos que nunca hubiera imaginado que fuera una mujer. Abrí despacio y allí la encontré. Rondaba los cincuenta.  Vestía con una camisa de rayas y manga farol que parecía de otra época. Su maquillaje exagerado resaltaba sus facciones duras sus pómulos marcados su mandíbula robusta.

Estaba detrás de una mesa de nogal que ocupaba casi todo el despacho. Hacía cuentas con una  calculadora antigua . Olía a rancio. No levantó la mirada. Durante un rato ignoró mi presencia.

Su color de pelo recordaba a la paja. Media melena peinada con muy poca gracia caía sobre su cara. Su piel era blanca con rosetones en los carrillos que recordaban a la rosácea.  Sus párpados parecían hinchados.

Te estaba esperando. Por fin levantó la vista por encima de sus gafas. Unas monturas de color rojo resaltaban sus ojos azules. Tenía una mirada tan  fría  que hizo que sintiera una escalofrío por la espalda. Esos ojos no tenían corazón.Siéntate. Me imperó dejando esbozar una cínica sonrisa.